Difícil de olvidar.

Hace un año todo Puerto Rico se encontraba refugiado. Cerca de las seis de la mañana el huracán María tocaba tierra por la costa sureste del país, por el pueblo de Yabucoa. Su fuerza destructiva nos azotó por más de 24 horas. La naturaleza se empeñó en destruir su propia creación. Fueron horas difíciles, nadie pudo predecir lo que encontrarían fuera de sus refugios al abandonar la isla María. La destrucción era sin precedentes, la isla estaba incomunicada del resto del mundo. No había comunicación alguna. Sólo dos estaciones de radio transmitían alguna información,una en San Juan y otra en Guayanilla. No se supo nada de familiares y amigos por días. Reinó el caos y la confusión. El gobierno improvisaba, no estaban preparados para la destrucción dejada por María. Habían subestimado la fuerza del huracán.
Los meses que seguirían pondrían a prueba a los residentes de la isla. La mala coordinación de las respuestas de emergencia afectaban directamente a la población, al punto que se estima el total de muertes a causa del paso de María en alrededor de tres mil puertorriqueños. Pero eso sería una de las muchas situaciones, las familias se han separado tras María con un éxodo masivo de puertorriqueños hacía otras jurisdicciones dónde buscan volver a “echar raíces” lejos de su patria. El sistema eléctrico quedó seriamente destruido y el dinero asignado para sus reconstrucción, el cual fue calculado en cerca de un billón de dólares desapareció por arte de magia. Al día de hoy miles de residencias siguen con toldos azules en sus techos y sin esperanza sus dueños de poder reconstruir sus hogares. El gobierno fracasó en la distribución de la ayuda humanitaria y semana tras semana siguen apareciendo millones de dólares de ayuda que no se repartió y el tiempo se encargó de dañarla. Muchos de éstos casos son por la falta directa de un plan de emergencia y peor aún, por la corrupción sistemática creada por la administración para favorecer a donantes y amigos del partido de gobierno de turno. El ejemplo más reciente fue el del descubrimiento de sobre dos millones de cajas de agua abandonadas en una vieja pista de aterrizaje, y dónde se alega que fue una orden directa de la oficina del gobernador para no afectar el negocio de distribución y venta de agua de allegados a la administración. Mientras, afuera los puertorriqueños perdían sus vidas por la falta de servicios esenciales. Acciones como esta afectan el desembolso de más ayudas para la reconstrucción.
Los que nos hemos quedado en la isla hemos perdido hijos que se marcharon en busca de un mejor futuro. Muchos viviendo con un techo plástico, experimentando apagones constantes y sin empleo seguro. Y aunque los escombros se han recogido falta mucho por hacer. El verde ha retornado a las montañas, volviendo a florecer el café, Ya se ven bajar de la montaña algunos cargamentos de guineos y plátanos. La isla se recupera por el coraje de su gente, porque cómo buen campeón de boxeo nos negamos a poner la rodilla en el suelo, la dignidad del pueblo puertorriqueño va por encima de las acciones del gobierno que malgasta y se apodera del dinero para la reconstrucción de la isla, y se olvida de los que duermen sin techo. Puerto Rico se levantó por el coraje de su gente.
María estará en la mente y el recuerdo de los que lo vivimos por siempre. De los que perdieron un familiar, de los que se fueron de la isla, de los que perdieron todo, de los que siguen sin techo, de los que perdieron su empleo, y de los que nos quedamos a luchar por sacar adelante lo que queda. María será difícil de olvidar….

 

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