Un huracán cambio todo.

Por los últimos tres años domingo tras domingo me levantaba muy temprano y tras varias horas de estudiar estadísticas me sentaba y escribía un articulo sobre mis Dolphins de Miami. Pero el día 20 de septiembre de 2017 el huracán María lo cambio todo. Esa madrugada llego a mi querida isla Puerto Rico con una fuerza destructora como jamas se había visto en el continente Americano. Toco tierra por el suroeste de la Isla con vientos sostenidos de mas de 165 mph (265 kph) y ráfagas de vientos en las montañas de mas de 210 mph (338 kph) su fuerza era tanta que los sismo grafos leían un sismo o terremoto de 3 grados en la escala Richter. Solo imagínense un huracán con la mayor fuerza de la historia acompañado de sismo constante por unas 16 horas que se mantuvo sobre la isla. Los daños fueron catastróficos, ya las cadenas nacionales lo han mostrado al mundo. Fue ahí donde cambio todo, el huracán trastoco toda mi vida.
A las 6:00 am del 21 de septiembre salí a la calle con mi hijo y un vecino. La mayoría de mis vecinos son personas de mas de 80 años, y necesitaban ayuda. La calle parecía un campo de batalla, pedazos de las residencias, el tendido eléctrico destruido, pedazos de arboles, destrucción por doquier. Junto a mi hijo Jaime, del cual me siento sumamente orgulloso, y el vecino comenzamos la labor de sacar vecinos de sus residencias, ya fuese por estar parcialmente inundadas y otras destruidas, limpiamos el camino para que lo autos lograsen el libre acceso y las familias pudieran salir de sus hogares. Ya a las 9 am eramos un grupo de mas de 10 personas, hombres y mujeres recogiendo y almacenando los restos de lo que habían sido las residencias de los menos afortunados. Así transcurrió el día, no había espacio para lamentos, la lucha por salir a flote comenzaba ese día. Mientras en mi pueblo sucedía eso, mi hijo mayor, Francisco, se había refugiado en casa de su prima en el sur de la isla, y ante la falta de comunicación cruzo la isla de norte a sur para saber como estábamos, experimento la destrucción total de la isla. Ya al anochecer estábamos todos juntos, no había servicio energía eléctrica, no había ningún tipo de comunicación, no había agua potable y la oscuridad se apodero de Puerto Rico. María destruyo el 90% de la infraestructura, las familias quedarían marcadas para siempre, separadas por la necesidad. Las compañías dejaron de funcionar, los bancos no abrían al publico, no había acceso al dinero, muchos perdían sus trabajos, incluidos mis dos hijos, el caos reino por mandato de María. A los 7 días del huracán el aeropuerto Internacional comenzó a funcionar y la isla se fue vaciando día tras día, la gente perdió la esperanza en el gobierno, decidieron dejar sus vidas atrás para comenzar en otro lugar. Mi familia no fue la excepción, mi hijo mayor dejo la isla el día 14 de octubre, tras la compañía donde trabajaba dejarlo sin empleo. Durante esos días como empleado gubernamental en la isla me reporte a trabajar y fui destinado a la Oficina de Manejo de Emergencias Local, experimente la destrucción de primera mano, el desespero de la gente, el dolor tras el paso de los días por la falta de agua, alimentos y dinero. Fue difícil llegar a las comunidades aisladas, llego la Cruz Roja a mi pueblo, las Fuerzas Especiales de Fort Braggs también llegaron, parecía una guerra, aterrizábamos helicópteros en los lugares mas necesitados con agua y alimentos.
Comenzaron mis frustraciones, el saber que mi hijo abandonaba la isla era la primera de muchas. Tenia que viajar una hora para poder hacer llamadas telefónicas y leer emails. La ayuda que familiares y amigos trataban de hacerme llegar se perdía o era robada en los aeropuertos y correos de los Estados Unidos, increíblemente empleados federales se estaban robando las ayudas. Muchas nunca llegaron y agravaban la necesidad. A nivel local el gobierno y la corrupción se apoderan de las ayudas dejando al pueblo sin ellas. Todavía, pasados mas de 60 días, el 50% de la isla esta sin servicio eléctrico, entre 10 y 15% sin servicio de agua y mas del 40% sigue incomunicado. Lo peor es que ni las autoridades locales, ni las federales se ponen de acuerdo en la reconstrucción de la isla. Mas de 400,000 viviendas afectadas o destruidas, mas de 400,000 familias destruidas…dos meses de luchas de un pueblo que no se quita, de un pueblo que no se rinde, de un Puerto Rico que se levanta solo luego de huracán que lo cambio todo.

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